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22 marzo, 2011
La cultura de la pobreza - Oscar Lewis
Un ensayo acerca del significado y alcances del concepto "Cultura de la pobreza" y su distinción en relación a la pobreza.
La Cultura de La Pobreza - Oscar Lewis
La Cultura de La Pobreza - Oscar Lewis
15 marzo, 2011
Megaciudades galopantes por el siglo XXI
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| Tokio, la ciudad más grande del mundo |
Marta Gómez Ferrals / Prensa Latina
plmexico@prensalatina.com.mx
Los expertos y la ONU han divulgado cifras fácticas: desde 2008 la cantidad de humanos residentes en las ciudades del planeta -más de 3 mil millones de personas- ha superado por vez primera a la población rural.
Algo más: para 2050, Naciones Unidas proyecta que la población mundial superará los 9 mil millones de personas, de las cuales casi el 70 por ciento residirá en áreas urbanas.
Una concepción tradicional avala a las grandes ciudades como motores del desarrollo.
De hecho, así lo han sido en muchas naciones, en las cuales se crea el 60 por ciento del producto interno bruto (PIB) y el 80 por ciento del crecimiento económico.
Pero ante el avasallador proceso de urbanización del mundo, disparador de las llamadas mega y meta ciudades desde los países del sur, refuerza preocupaciones e interrogantes en gobiernos, estudiosos y Naciones Unidas.
Porque bien visible es que el desarrollo incontrolado de la urbanización, ya no sólo en países del primer mundo, viene aparejado de la agudización de los conflictos por la desigual distribución de la riqueza, la inequidad social en general y la agudización de la brecha entre los ricos cada vez más ricos y los pobres cada día más pobres.
Y no son pocos los alarmados por las consecuencias, hoy mismo, o a mediano o largo plazos, de la profundización de esas a todas luces insalvables diferencias en las ciudades del siglo XXI.
Otros datos emitidos por la ONU precisan que más de mil millones de personas sobreviven en barrios marginales de ciudades del llamado tercer mundo.
De modo que ha nacido la pregunta perturbadora de si seguirán cumpliendo el papel de motores del desarrollo económico y social en las descomunales ciudades de hoy y del futuro. Muchos piensan que eso es harina de otro costal y que está en marcha una gran bomba de tiempo.
Un informe de ONU-Habitat, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, registra que las megaciudades son uno de los más importantes fenómenos de este siglo.
Y hay especialistas que ubican su vertiginoso desarrollo entre los problemas de gran impacto en la vida de la Tierra, como el cambio climático, las hambrunas, la crisis económica global, el desempleo, que abruman al hombre actual.
De acuerdo con preceptos de este programa, las megaciudades son aquellos conglomerados urbanos con más de 10 millones de habitantes, aunque otros expertos comienzan a darles esa categoría a las que tienen más de 5 millones.
La ciudad de Tokio, capital de Japón y hoy día la más grande del mundo, entra en la moderna categoría de metaciudad, a la que se suman otras urbes con más de 20 millones de habitantes. Sin embargo, en Tokio y su zona metropolitana ya habitan 35 millones.
Para 2020 habrán alcanzado esa categoría Bombay, Nueva Delhi, México, San Pablo, Nueva York, Dacca, Yakarta y Lagos y sus respectivas zonas metropolitanas.
El dedo acusador de algunos ciudadanos del mundo señala a la globalización como el disparador del número de megaciudades desprovistas de humanismo que proliferan en el mundo, impulsadas por el capitalismo neoliberal, las inmobiliarias y la sobreexplotación laboral y la excesiva privatización.
Los flujos migratorios internos, debido a desplazamientos obligados por consecuencias climáticas o conflictos, o por la depresión de los programas agrarios, son fuentes principales del crecimiento del proceso urbanizador en muchas naciones de países emergentes, que han apostado por desarrollar megaciudades.
También, desde los países más pobres o en lento y obstaculizado proceso de desarrollo fluyen oleadas migratorias hacia las urbes y metrópolis del norte.
En todo el mundo, también considera la ONU que unas 180 mil personas arriban cada día de entornos rurales a las ciudades. Las grandes urbes de África, un continente afectado por la pobreza, crisis de hambrunas y conflictos sociales, resultan imanes de atracción para un número incrementado de personas.
A todos los motiva la esperanza de oportunidades para una vida mejor y a un gran número hasta una perentoria necesidad de supervivencia, algo que ni siquiera imaginan o saben los habitantes de las cultas y estables naciones desarrolladas.
Esos enormes flujos de campesinos o aldeanos emigrantes hacia las grandes urbes de sus países o del norte desarrollado, una vez en estos, casi siempre se ven obligados a mantenerse fuera de la esfera del Estado, porque la economía formal no está en condiciones de absorberlos.
Serán allí ciudadanos de segunda o tercera clases, condenados a hacer los peores trabajos, cuando logran vínculos legales, y sin acceso a servicios de educación o salud.
Muchos estudiosos han alertado sobre la forma desorganizada y salvaje del desarrollo de las megaciudades e incluso de las medianas o más pequeñas. Millones de esas personas deberán habitarlas sin contar con vivienda propia.
Según la OMS, se ha calculado que más de 100 millones de personas, en su mayoría niños, pernoctan en las calles de las ciudades más pobladas del planeta, gracias a alimentos encontrados en basurales. Se codean con los detritus y desperdicios, ocasionadores de muchas enfermedades.
Quién no conoce las chabolas, las villas miseria, las favelas. Las megaciudades acentúan y refinan la polarización social.
Los ricos se aíslan, buscando protección contra los elevados índices de criminalidad y convierten sus barriadas en fortificaciones protegidas con la más moderna tecnología.
Poco o nada se hace para aliviar o mitigar la desigualdad, causa fundamental de la violencia y el crimen de los que tanto se protegen.
Analistas y personas de mediano sentido común perciben la carga explosiva implícita en esta situación, y no cesan de alertar, mientras todavía no se hace lo suficiente, y se aceleran las urbanizaciones.
A las ciudades del mundo se les suman cerca de 200 mil seres humanos cada día, según el informe anual de ONU-Habitat, presentado recientemente en Bruselas. Otro inconveniente de las megaciudades es la contaminación de su aire, el agua y el entorno general. El tráfico eleva la toxicidad ambiental, debido a las grandes cantidades de dióxido de carbono.
ONU-Habitat ha insistido en la necesidad de hacer cuantiosas inversiones para afrontar el desarrollo urbano galopante que predominará, sin freno, en el siglo XXI.
De lo contrario, cada vez se verán más alejados los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Si no se toman medidas, advierten sus expertos, los resultados podrían ser la violencia y el caos.
La actual crisis económico-financiera demuestra que no alcanza con dejar en manos del mercado la concepción de las futuras grandes aglomeraciones urbanas, apunta el programa de la ONU.
Habría que hacer mucho más, claro está. Dedicarse seriamente a cambiar los inoperantes modelos económicos vigentes en el nivel global. Pero mientras eso llega, se podrían iniciar las inversiones en los programas sociales.
10 marzo, 2011
02 marzo, 2011
Pobreza, Desigualdad y Convergencia Los Objetivos del Milenio
SEPTIMO CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE
Pobreza, Desigualdad y Convergencia
Los Objetivos del Milenio
3 al 23 de marzo de 2011
COSTO: 10 EUROS
COSTO: 10 EUROS
http://www.eumed.net/eve/7pdc.htm
Temas a debate:
- Pobreza y deuda externa
- Cuantificación de la pobreza mediante indicadores alternativos
- Efecto Educación sobre la Desigualdad de la Renta
- Crítica al interés del Banco Mundial por la pobreza
- Pobreza, precios y trabajo cuenta propia
- Análisis de las causas de la pobreza
- La distribución del ingreso y el sector informal en el estado de Oaxaca
- Exclusión Social, más allá de la pobreza
- Estrategias para financiar el cumplimiento de los Objetivos Metas del Milenio - ODM
Inscripciones: http://www.eumed.net/eve/inscribir.htm
28 febrero, 2011
Cuando los intelectuales se mercantilizan
Alberto Valdés Cobos opina que hace falta un verdadero estudio de sociología de los intelectuales pues cree que es importante saber cual es su papel en la sociedad actual.-----------------
Tomado de: Revista Contralínea
http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2011/02/27/cuando-los-intelectuales-se-mercantilizan/?twitter
La idea de plantear una sociología de los intelectuales en universidades, departamentos y centros de investigación sociológica de nuestro país podría cobrar una relevancia inusitada. Dicha relevancia tiene su razón de ser en las transformaciones que han experimentado universidades, centros de investigación e instituciones culturales que dan cobijo a los intelectuales en un contexto neoliberal que amenaza la autonomía, la independencia y el ethos de un agente social clave en la configuración de la modernidad y sus instituciones.
Alberto Valdés Cobos*
Sin embargo, ¿se justifica al intelectual cuando se mercantiliza el discurso autorreferencial de la modernidad que le dio origen? ¿Qué metamorfosis experimenta el intelectual mexicano a principios del siglo XXI? ¿Qué tipo de relaciones mantiene con el Príncipe y la plutocracia? ¿Cómo reaccionan ante la fragilidad y las limitaciones de la democracia mexicana? ¿Ayudan a la sociedad a hablar de sus problemas y a facilitar las deliberaciones públicas o promueven un falso consenso complaciente? ¿Cómo se diferencian el intelectual del tecnócrata en tiempos de la derecha panista? Son algunas de las muchas interrogantes que merecen la atención de la imaginación sociológica (Mills), no sólo del historiador, del politólogo o del periodista cultural.
¿Existe una sociología de los intelectuales en México? ¡Definitivamente no! Lo poco que se ha escrito sobre esta categoría social aún no adquiere el carácter de especialización sociológica. Está de más decirlo, pero lo que se ha escrito sobre los intelectuales (biografías, ideologías, funciones educativo-culturales y sus relaciones con los poderes fácticos) ha correspondido a otras disciplinas. En México, predominan dos tendencias sobre el estudio de los intelectuales: en primer lugar, el escrutinio de la relación que éstos han mantenido con el Príncipe en la historia y la ciencia política; la otra tendencia, o periodismo cultural, ha privilegiado el examen biográfico de los intelectuales.
¿Cuántos artículos sobre los intelectuales (en general y mexicanos en particular) se han publicado en la Revista mexicana de sociología y estudios sociológicos? ¿Existe algún proyecto de investigación que aborde el estudio de los intelectuales mexicanos a partir de la sociología funcionalista, la sociología constructivista, la sociología feminista, la teoría crítica de Theodor Adorno, la sociología reflexiva de Pierre Bourdieu, la sociología histórica de Immanuel Wallerstein, la sociología posmoderna de Gilles Lipovetsky o las teorías sociales de Anthony Giddens, Ulrich Beck y Zygmunt Bauman? El poco abordaje de los intelectuales –si es lo que lo hay– en subdisciplinas como la sociología de la ciencia, la sociología de la cultura y la sociología política ilustra que la sociología empírica de los intelectuales mexicanos sigue siendo una tarea pendiente.
En México, existe escaso interés sociológico que dé cuenta de las “crisis” y “muertes” que supuestamente han experimentado los intelectuales en las últimas tres décadas. Algunas pinceladas y ensayos que se han ocupado de estas mutaciones, de manera esporádica, en suplementos culturales y revistas de análisis mediático y político han sido Etcétera, Nexos, Letras libres y Metapolítica. En ese sentido, destacan las contribuciones de Lorenzo Meyer, Roderic Ai Camp, Roger Bartra, Gabriel Zaid, César Cansino, René Avilés, Enrique Serna, Jorge Volpi, Víctor Roura, Xavier Rodríguez y Armando González. Ellos han llamado la atención sobre la relación que se suele dar entre la república de las letras y la clase política, así como de la soberbia, la codicia, la zalamería, la pedantería, la simulación, la hipocresía y el sometimiento a los medios de comunicación que caracterizan a algunos intelectuales.
Las lecturas sobre las amenazas, agonías y muertes del intelectual atraviesan un abanico político que va del liberalismo, pasa por el análisis posmoderno y desemboca en una variedad de diagnósticos de izquierda. En efecto, la sociología reflexiva de Bourdieu se inscribe en esta última perspectiva, la cual trata de combatir las autopercepciones triunfalistas de un intelectual flotante y desligado de los conflictos sociales. De acuerdo con Bourdieu, el Homo intelectus de nuestros días se encuentra amenazado en su autonomía por las fuerzas del mercado, los medios de comunicación y la derecha neoconservadora.
Los cambios que han experimentado las universidades, como espacios de reflexión y crítica, así como la presencia cada vez más creciente que han adquirido los medios de comunicación han propiciado el caldo de cultivo para que prolifere el “intelectual público” que tanto preocupa al filósofo Eduardo Subirats. La televisión, por ejemplo, se ha erigido en el álter ego por excelencia (¿o atracción fatal?) de muchos intelectuales para justificar un falso consenso complaciente ad hoc con los intereses de los verdaderos dueños de la democracia mexicana: las elites económicas.
Para Subirats, vivimos en una época en la que los intelectuales y el pensamiento libre se encuentran “amenazados”. El intelectual es el instrumento que toda democracia debe tener para expresar sus conflictos, dilemas y proyectos de futuro, por lo que su papel como mediador independiente y reflexivo es central para toda sociedad que presuma de democrática. Si en otras épocas las amenazas venían de los tribunales de la Inquisición, actualmente las amenazas que se ciernen sobre el intelectual provienen de la industria cultural que lo eleva a la categoría de estrella a costa de la banalización de su discurso, la ficcionalización y la neutralización de su posible crítica (Reforma, 19 de septiembre de 2005).
El objetivo de este ensayo no ha sido ofrecer recetas y decir que los intelectuales vayan por ésta o aquella dirección, porque más que respuestas, lo que necesitamos son preguntas para la sociología de los intelectuales a la mexicana. Al plantear preguntas, responderemos a los retos que entrañan las amenazas, muertes y mutaciones de los hombres de ideas (artistas, científicos, académicos). ¿Cómo se manifiestan las miserias del Homo intelectus mexicanus? ¿Cómo se detecta la podredumbre intelectual? ¿De qué está hecha la daga para llevar a cabo el intelecticidio? ¿Qué hay del tecnócrata? ¿Cómo se experimentan las “imposturas” y muertes del intelectual en las diferentes regiones, universidades, instituciones culturales y centros de investigación del país? ¿Cómo reaccionan a las difíciles condiciones que impone el Estado neoliberal? ¿Cómo desarrollan su función de ideólogos y expertos en gobiernos de derecha e izquierda, así como en una diversidad de movimientos sociales? ¿Defienden los valores de la democracia o promueven los intereses de la plutocracia? ¿Es sostenible la democracia mexicana cuando las políticas aplicadas por tecnócratas aumentan la pobreza y el desastre del campo mexicano?
Necesitamos investigación empírica para desechar o confirmar la necrología y metamorfosis de esa rara avis que algunos autores han declarado como una especie en peligro de extinción. No ha sido intención de este artículo encontrar el hilo de Ariadna, sólo pretendemos justificar la necesidad de una nueva especialidad académica en una época hipercompleja e incierta, donde se carece del interés e imaginación sociológica para estudiar a los hombres de ideas. Vivimos en una sociedad global donde la ciencia y las facultades de un intelecto sin autonomía podrían volverse peligrosas (Bourdieu); por tanto, la sociología de los intelectuales tendrá que ser un espacio de reflexividad vía la redefinición de la modernidad mexicana posbicentenario, el escrutinio permanente de la democracia y la recuperación del espíritu socrático.
*Profesor invitado del grupo de sociología rural del Departamento de Sociología, de la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Azcapotzalco; doctor en ciencias agrarias y especialista en sociología de los futuros
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